jueves, 29 de octubre de 2015

De visita

Estoy de vacaciones; de visita con mi familia, en el rancho grande de donde soy. Pero tengo trabajo, afortunadamente, y lo hago en los momentos en los que la niña duerme o es cuidada por otros, si yo no estoy en la chorcha.

Hace unos dos años que no venía por acá. He caminado por las calles que conocí cuando era jovencita, y me he impactado encarando lo complicada que he sido toda la vida. Entiendo por qué; había razón; pero sí me he preguntado, "¿no podía ser de otra manera?" Si pienso en una niña de trece años, en una joven de 17 o una mujer de 21, su persona me aparece tan-mucho más simple que la niña, joven y mujer que he sido.

Sé que somos lo que podemos con los recursos que tenemos en cada momento, y me gusta pensar que tengo recursos para el bienestar, la felicidad y la plenitud, ahora que estoy en lo que puede ser lo mejor de mi vida. Creo que eso será bueno para B.

Silvia Parque

martes, 20 de octubre de 2015

Bebé agripada

B duerme. Pasó una mala noche, y nosotros con ella. Su día no empezó fenomenal, pero va bien; ha sonreído, ha jugado, ha comido calabacita.

Fuimos con la pediatra el sábado y estaba perfectamente. También estuvo bien el domingo, pero esa noche despertó muchas veces, renegando, y comió y comió y comió, más que siempre. Por la mañana era evidente que algo le pasaba; estaba caliente. Le tomamos la temperatura y nos equivocamos. Pensamos que era normal lo que ya es febrícula; igual juzgamos antes, unas tres veces, las semanas pasadas. Afortunadamente, esa normalidad con ella desanimada e irritable, no podía parecerme normal.

A medio párrafo anterior, fui a darle teta. Ahora duerme de nuevo. Yo espero que termine de cocerse un arroz.

Antier soñé que la olvidábamos en una tienda, y unas cuatro cuadras adelante, cuando quería ir por ella, no podía avanzar; trataba de gritar y tampoco salía mi voz.

Silvia Parque

sábado, 17 de octubre de 2015

Con más

Mientras agregaba otra cucharada de chocolate en polvo a mi leche con chocolate, recordé los excesos de mi mamá cuando yo era niña. Era genial. El chocolate, cargado. Las quesadillas, con mucha mantequilla encima; los hot cakes completamente cubiertos de azúcar. Mi abuela se encargaba de la mayor parte de mis comidas, así que los excesos de mi mamá eran experiencias ocasionales para mí.

Silvia Parque

Resolviendo la mordida de teta

B empezó a "morderme" en serio, hace un par de días; la teta, se entiende. Muerde y jala, con lo que la cosa se pone intensa. Hoy su papá me dijo que le hablara seria y firme, y me reconocí incómoda al respecto; trabajaré con esa incomodidad.

No tengo problema con decir "no" cuando intenta jalarme el cabello o tomar mis lentes; ahí, natural y ordinariamente, hablo con firmeza... sin pensarlo... y no hay menos dulzura en la instrucción que en cualquier otra cosa que diga antes o después. Pero esto de la mordida es diferente... será porque me duele más que un jalón de cabello o porque estar tenida de un pezón, me hace sentir vulnerable. Y claro, porque aquellos primeros "no" los he dicho mientras le quito el cabello de la mano, o aparto su mano de mis lentes, así que en realidad, el peso de "hacer que ella haga" no recae en la palabra. En el caso de la mordida, por el contrario, al no poder evitar el acto, me sale un "no-no" angustiado y suplicante, y si trato de que no salga así, sale un "no" grave y cortante, que no me gusta y me da miedo (de que ella sienta que le hablo feo). El papá lo ha resuelto con un truco buenísimo: igual que jalándole un poco la oreja, hacía que abriera más la boca cuando necesitábamos que se acomodara mejor en la teta, encontró un punto que apretando un poco con el dedo, relaja su mandíbula y hace que me suelte. Es la parte de en medio-abajo del cachete, a la altura de los labios. Apretando ahí -es apenas un toque-, puedo decir un "no" normal.

Silvia Parque

viernes, 16 de octubre de 2015

Ni de allá, ni de acá; de mi casa

Nunca he sentido como parte importante de mi identidad, ser "mexicana". Ni de niña sentí amor por la bandera o el himno. Sí me emociona ver a mexicanos haciendo algo especial; siento que son "algo de mí". Y me parece que sería casi cruel vivir sin tacos y enchiladas.

Tampoco me parecía importante ser del rancho grande de donde vengo, pero cuando me instalé a vivir en Querétaro, me di cuenta de mis diferencias, extrañé lo que conocía, sentí evidenciarse y crecer los afectos por "lo de allá". Sé que cuando cambie de país, me pasará lo mismo respecto a México.

De cualquier modo, cambiaré de país, un día. Espero que mi hija viva su adolescencia en otro lugar del mundo. Me costará alejarme más -físicamente- de la familia extensa, pero tengo bien asumido que una ha de hacerse el camino por donde toca hacerlo.

Un día que fui de visita a mi tierra me di cuenta de que ya no era "de allá". A esta ciudad, sin embargo, nunca he podido hacerla mía, o tal vez, más bien, nunca he podido hacerme suya. Resolví que no era de aquí ni de allá, sino de mi casa. Por eso, buscando destino para ir visualizando el futuro, hay varias cuestiones a tomar en cuenta, pero no tengo un conflicto subjetivo con estar donde sea; seré de mi casa.

Silvia Parque

El exorcista II

En mi recuerdo, había visto El exorcista II y III, y ambas me habían aburrido. No sé cómo sucedió eso, porque volví a ver "El exorcista II: el hereje" hace unos días, y me pareció una gran película. En su tiempo le fue bastante mal, sobre todo por las comparaciones con su predecesora. ¡Pero es muy buena! Lo que pasa es que no es un terror impresionante, como aquello, es diferente... Según lo que he leído en Wikipedia, mi opinión más o menos se alinea con la de Martin Scorsese.

Como vi esta película sin mucha ceremonia, fui un poco como los hombres que hacen de director técnico para el equipo al que ven jugar futbol por televisión. Resulta que el sacerdote Lamont es comisionado a investigar la muerte de uno de los exorcistas de la película anterior, por sospecha de herejía. En la búsqueda, Lamont se enfrenta con el mismo demonio que había poseído a Regan. Como suele suceder en estas películas, Dios no aparece sino bien secundariamente, y es de lo último que tiene en cuenta el comisionado; pero en este caso, eso no es todo: el sacerdote accede a seguir la instrucción del demonio y le pide de favor que lo lleve con X persona, que sabe cómo vencerlo. Ahí estaba yo: "¿Pero que te pasa? eres un hereje".

Otra cosa me llamó la atención. Cuando el sacerdote es comisionado para realizar la investigación, pide que se le exima de la responsabilidad, alegando no ser digno. Tiene razones: de hecho, sus problemas con la fe son el centro de la película. Pero el superior insiste, y le dice "hágase digno". Me llegó el mensaje.

A media película, cuando Lamont está metido en el vericueto, su superior le retira de la investigación. Él quiere seguir, y desobedece. Primero que no, y luego que sí... pasa tantas veces...

Silvia Parque


jueves, 15 de octubre de 2015

De cómo se deshace el encanto de lo que fue el misterio del suministro de energía

Dos cosas, para empezar:

- En mi casa se hacen arreglos a las cosas que pueden arreglarse, así sea para que duren un rato más.
- Yo, que soy de tendencia a la superstición, aunque me la sacudo a cada momento, prefiero no verbalizar cómo se arreglan divinamente algunos problemas: no vaya a ser que abriendo la boca, se caiga la sopa que venía del plato...

Luego:

El cargador de mi laptop ha sido algo maltratado, y como consecuencia, se desgastó uno de los cables. Fue reparado, en contra de lo que dicen los instructivos y los expertos, y funcionó perfectamente durante meses. De pronto, el cable resentido necesitó ser acomodado de un modo específico para funcionar, hasta que un día, dejó de necesitarlo; se curó a sí mismo. Pasó el tiempo, y fui viendo como dicho cable iba "pelándose" hasta dejar descubiertos los hilos metálicos de su interior. Solicité la reparación correspondiente, que fue realizada hace unas horas, a medias, quedando programada la reparación completa para esta noche.

Pero cuando la computadora anunció que necesitaba conectarse a la corriente eléctrica porque se acababa su batería, la conecté, y no pasó nada. Moví el cable, le di vueltas, desconecté y conecté, acomodé el cargador, y nada. Puse la máquina a hibernar, me ocupé de otras cosas, pero al fin volví, decidida a emplear los minutos que quedaran de batería; según los letreros en la pantalla: unos ocho, que ya serían cinco, cuando mucho.

Cerré mi sesión de Facebook, revisé las notificaciones de Twitter, esto, aquello, lo de más allá, y vi que según el marcador, hay "0%" de batería. Ya tengo aquí un largo rato, la computadora no se apaga, y sigue habiendo "0%" de carga. Una especie de "ti - ti - ti" emitido por el cargador antes silencioso, da teatralidad a la situación. Yo imagino que estoy en medio de un pequeño milagro... o un embrujo...

* Luego de los puntos suspensivos, la compu se apagó. 
Al rato, tuvo lugar la reparación completa programada.*

Silvia Parque

Novedades con B

Como he estado unos días ausente del blog, pongo al tanto al distinguido auditorio, de las novedades con B:

- Ha descubierto que el objeto libro no solamente hace aire y sabe bien, sino que además, puede romperse. Ha roto su primera página, mi pequeña. Me sentí orgullosa como si hubiera escrito un cuento.

- Después de cuidar durante casi seis meses los mensajes que pudiera recibir oyendo las series de televisión que me gustan, películas de miedo o con violencia, y cualquier canción que fuera a pasar por sus castos canales auditivos, resulta que baila con Los toreros muertos y Kaka de Luxe. Lo bueno es que mientras el padre cantaba "Rosario toca el pito", al llegar a la parte de "ha matado a su padre...", ha dicho que habrá que restringir algunas letras por unos años -lo ha dicho el padre, por supuesto-.

- Ya "muerde". De morderme-a-mí, quiero decir; a mi teta, para ser más precisa. No tiene dientes, pero aprieta con las encías, y jala. No es que no lo haya hecho antes, sobre todo con sus cosas, pero hoy lo ha hecho, digamos, con clara intención; jugando, se entiende, no con intención de lastimar. Me ha hecho mucha gracia por la forma en que me ha mirado, pero pegué un gritito, y su papá la vio con gravedad y me dijo que me pusiera seria o seguirá haciéndolo, y tiene razón. Ahora es simpático, pero cuando tenga dientes no lo será, y además de proteger mi teta, tengo que proteger su fuente de comida.

Silvia Parque

viernes, 9 de octubre de 2015

Hot cakes del pasado y del futuro

En mi casa, cuando era niña, los hot cakes se comían con mantequilla y azúcar. La miel, que no era miel-verdadera sino jarabe, se le ponía al pan francés, y era miel karo para bebés. Ya era una niña grande cuando llegó a mi casa la novedad de la miel sabor maple (que también era jarabe).

Imagino que le haré hot cakes de figuritas a B, y que al principio no llevarán nada encima; pero después, será muy bonito dejar a su alcance toda una gama de coberturas: leche condensada, cajeta, crema de avellana...

Silvia Parque

B y sus cosas

Como contaba AQUÍ, B conoció el objeto libro hace rato. En estos días, lo ha conocido mejor, con uno de los suyos (el primero que manipuló es mío; ella tiene cuatro o cinco). Ya no solo lo abre y siente el aire que pueden hacer sus páginas; ahora lo come. No hay problema porque se lo doy cerrado, de manera que coma portada semiplastificada, y no páginas de papel-papel; sin embargo, ayer le entraba con tantas ganas a una esquina, que se lo cambié por otra cosa, temiendo que lograra reblandecer el cartón.

También juega con sus toallitas húmedas, o más bien, con sus paquetes de toallitas húmedas. Parece que los colores firmes y el brillo del empaque, hacen del objeto algo sumamente atractivo y de muy buen sabor. Le interesan su bote de crema y sus pañales, pero mucho menos que los paquetes de toallitas; si tocó uno en color amarilo o anaranjado, más que mejor -por el momento, el amarillo es su color favorito-.

Silvia Parque

martes, 6 de octubre de 2015

La mujer que se convirtió en otra

Ella fue tonta una vez, otra vez, y otra vez. La última vez, ya no. Tuvo un hijo varón cada una de aquellas primeras veces, y una hermosa niña, la última. De cualquier modo salió raspada en cada encuentro, cada vez más vieja. Es increíble cómo una mujer puede hacerse vieja a los veinte años, con el toque de algo malo que pasa; algo malo que no se cuenta hasta muchos años después, cuando puede decirse como si nada porque ha pasado algo peor.

Pero un día, ya con experiencia en no ser tonta, luego de pagar sus deudas con puntualidad muchos meses, comprando tinte para el cabello, se dio cuenta de estar lejos de sí misma, y se sintió muy bien. Se dejó atrás. Se convirtió en otra.

Silvia Parque

Ser escuchada

Ser escuchada y tenida en cuenta, da una pequeña satisfacción por demás placentera. 

Una espera ser escuchada siempre que se dicen cosas serias, cuando se entablan conversaciones sobre un tema particular, cuando se estipulan condiciones, etc. Pero está eso que una dice, tal vez al pasar, que se da por sentado que el otro escuchó, que queda como agua pasada y que de pronto, se hace presente en un detalle con el que ese interlocutor hace saber: "mira, te considero".

Silvia Parque

Qué hacer cuando la niña duerme

Yo creía que los bebés dormían cada vez menos conforme crecían, pero B, descontando el primer mes, duerme mucho más ahora que cuando era una bebecita. Llegué a mencionarle al pediatra que ella no dormía nada durante el día, y me dijo que así era con algunos bebés que dormían toda la noche; yo hacía cuentas de las horas de sueño nocturno, y se alejaban mucho de lo que leía que eran las "pautas generales" de sueño a su edad. Pero pasó el tiempo, y ahora duerme más horas en la noche, y toma al menos dos siestas durante el día -a veces, tres-. No siempre son largas, pero como antes no existían, me parecen la gran cosa. Y surge la pregunta: ¿ahora qué hago?

Tengo una larga lista de cosa por hacer, muchas de las cuales esperan a que B duerma. Otras se pueden hacer con ella, pero es muy apreciable poder ponerme a la labor sin el apremio de "brazos-atención-comida-ahora-ya-ahorayamismo-; es el caso de cocinar o comer... comer con calma. Pero el momento llega siempre un tanto inesperadamente, aunque llegue todos los días, o más bien, me encuentra a mí desprevenida, como medio boba, y tardo un momento en decidir. Si tengo trabajo que entregar, casi no hay pregunta: hay que hacer lo que hay que hacer; pero si el día de entrega no está próximo, todos los pendientes entran al concurso y todos son atractivos. Puedo ponerme a recoger o a limpiar o a lavar; puedo ocuparme de esos proyectos siempre pospuestos por "innecesarios", como colocar una foto en el portarretratos del buró; puedo ponerme al día con correos electrónicos u ordenar papeles; podría, por fin, volver a leer, ¡volver a escribir!, o darme el gusto de simplemente pasear por la blogósfera, escribir una entrada. Estaría bien una lección de inglés o francés... Y la tentación más grande: dormir yo también.

Como he dicho, sus siestas no son muy largas, usualmente; cuando llega a pasar un buen rato de que duerme, la extraño.

Silvia Parque

lunes, 5 de octubre de 2015

Artículos para bebés

Hay artículos para bebés cuya existencia no entendí o fui capaz de apreciar cabalmente, hasta que llegó B a casa; como la variedad de trapitos para los líquidos residuales que salen de su cuerpo: muy útiles, nunca demasiados. Hay objetos costosos para papás aprensivos o cuidadosos, o en todo caso, con dinero para comprarlas y espacio para guardarlas; como el termómetro para el agua de la bañera: a mí me habría ahorrado discusiones con mi abuela, que sufría porque según ella, yo metía a la niña en agua fría; pero mi mano tentando hace el trabajo. Otras cosas sí son un robo que toma ventaja de la merma cognitiva que pueden generar los bebés: como el agua para bebés. ¿Qué tendrá de diferente el hidrógeno o el oxígeno del agua para bebés? Según lo que leí en el empaque de la que me detuve a examinar, su chiste es que es libre de sodio; pero al revisar su composición sí aparece sodio, y al compararla, tenía más sodio que una de las marcas en su presentación común y corriente. No había visto fraude de tal magnitud desde que comparé palomitas de microondas light con palomitas de microondas regulares.

Silvia Parque

viernes, 2 de octubre de 2015

De B y la manipulación

Creo que son unas tres personas las que me han dicho, lo que muchas más de tres personas han de pensar: que mi bebé ya me ha agarrado el punto, que ya me ha tomado la medida, que me manipula, pues. Yo no discuto, pero por supuesto, me dejo "manipular".

AQUÍ la razón científica por la cual es imposible que los bebés muy pequeñitos manipulen; son incapaces de saber que si hacen X, sucederá Y.

Claro que bien pronto empiezan a convertirse en personitas capaces de jalar del cordón que hará que el objeto musical suene, esperando el sonido, es decir: bien pronto sabrán que si hacen X, sucederá Y. Entonces sabrán también que si lloran, pasará aquello que haya estado pasando cuando lloran. En el caso de mi hija, sabrá que si llora, mamá o papá irán a hacer que se sienta mejor, o al menos a intentarlo. Exactamente lo que quiero que sepa.

Si la manipulación es que ella hace que yo haga algo que ella quiere, me parece muy bien que me manipule, porque o quiere comer, o quiere que la cargue, o quiere atención, o las tres cosas al mismo tiempo. Por cierto, empieza a pedirlo con gestos y ruiditos, pero a veces no lo obtiene y pasa a medidas extremas, es decir: funciona como cualquier persona no apocada ni amedrentada: va por lo suyo (en este caso, la comida, los brazos y la madre). El problema, a ojos de algunos adultos, es que a veces no se puede tener lo que una quiere, y los padres deberían dejarlo bien claro desde el principio. Para mí, esa realidad ineludible de que no siempre se obtiene lo deseado, es de las principales razones por las que trato de que ahora, que le toca aprender de qué va la vida, tenga todo lo que tan legítimamente quiere (repito: comida, brazos, madre... a veces, padre). La vida en mucho se trata de ir por lo que legítimamente nos corresponde, y si somos decentes, de ir por ello con modos legítimos. ¿Cuál será el modo legítimo para el crío incapaz de pronunciar una palabra?

Hay muchos adultos que no quieren dar a sus bebés eso que sus bebés quieren. Ahí está mi vecina diciéndome que no le dé de comer en la noche para que se acostumbre a dormir de un tirón hasta la mañana, es decir: que la deje llorar de hambre hasta que se rinda y entienda que ha de hacerse lo que yo quiero y no lo que ella quiere, ¡que es alimentarse! ¿Quién sería la infantil en ese caso, me pregunto? Pero bueno: cada adulto con sus necesidades. Están los que no quieren cargar o no quieren dar atención... o no tanta atención como pide el bebé. No está bien ni mal, somos diferentes y ni queremos lo mismo, ni damos amor de la misma manera. El caso es que yo sí quiero darle a mi niña esas tres cosas que me pide... casi siempre. A veces, por ejemplo, ella quiere atención y yo quiero comer; entonces, tenemos drama; aunque como apresurada y frente a ella, hablándole, no le es suficiente y llora; a veces, a la mitad de la comida, su queja me hace saber que también quiere comer, pero aun así termino mi plato antes de darle, porque aprendí que: o me hacía mis ratos para la comida, o esos ratos iban a ir extinguiéndose hasta que acabáramos mal. Acepto la situación, me apena que la pase mal, la acompaño en su malestar, y en cuanto termino, la tomo en brazos y la consuelo. Tenemos el mismo pequeño drama cuando se acabó su ratito de entretenerse sola, antes de que yo termine alguna tarea doméstica que juzgué impostergable. Y también del mismo modo: le hablo mientras la pasa mal, me acerco a tocarla, me apuro, y en cuanto termino, la cargo y la consuelo. Si parece muy alterada mientras estoy en lo mío, interrumpo y hago un "intermedio" para el consuelo. ¿Que así no va a aprender a "dejarme hacer"? Yo creo que va a aprender que sí me llegan los mensajes y que me importan.

¿Que hay cosas que querrá y yo deberé negarle? Pues sí; pero mientras lo que pida sea comida, brazos y mamá...

Silvia Parque

No vayas a tocarnos

Hay dos tiendas de abarrotes a la misma distancia de mi casa, una a la izquierda y otra a la derecha. Fulanito es una persona que a veces hace alguna tarea en la tienda de la derecha. Le llaman por su nombre de pila en diminutivo, como suele hacerse con las personas que tienen alguna discapacidad mental; parece que está en situación de calle o casi, y evidentemente tiene mermada la capacidad cognitiva. Sonríe amplia y bobamente, con bondad en los ojos. Un día, se puso a meter mercancía a la tienda, y ahora ya sabe acomodarla en los anaqueles; ese día que "tomó" el trabajo, le dijeron que "no", pero siguió haciéndolo; le volvieron a decir que "no" la segunda vez que se puso a hacerlo, pero tampoco ese segundo "no" le detuvo. Sé que le daban "algo" antes de que ayudara, o que lo habrían hecho aunque no ayudara, porque he visto a los de la tienda "dar algo" a otras personas con necesidad.

Yo sabía de su existencia, pero no lo había visto hasta hace unos días, cuando esperaba a que me atendieran con mi niña en brazos, y Fulanito pasó junto a nosotras cargando una caja con mercancía; para ser precisa, pasó cargando una caja, regresó y volvió a pasar cargando otra caja. Su movimiento es un poco torpe por lo que nuestros cuerpos se rozaron, la caja rozó mi cabeza, y yo me apresuré a moverme de modo que ni él ni la caja fueran a tocar a mi bebé. Podría haberle pegado a la niña sin querer, pero en realidad me apuraba su suciedad; nada que realmente ofenda el olfato o la vista, pero suficientemente sucio como para ser evidente. La jovencita encargada de la tienda le pidió que tuviera cuidado y dijo "Ay, Fulanito, no entiende". Y es que no entiende igual que nosotros: entenderá a su manera y no somos suficientemente listos como para explicarle bien. Me apené de que mi gesto delatara el "no vayas a tocarnos" que pasó por mi cabeza, pero más me apenó que pasara por ahí.

Recordé que una persona a la que respeto mucho, me contó que Dios trabaja con ella, en relación con la aversión que le produce el olor y el aspecto de la gente que vive en la calle. No hace mucho del incidente con la mujer en situación de calle que me tocó de compañera en el autobús [AQUÍ], así que tal vez Dios también esté trabajando conmigo en esto; nunca pensé que sintiera alguna aversión porque no soy en especial delicada, al contrario, pero apenas me doy cuenta de que es porque siempre he estado a una distancia donde me siento "a salvo".

Silvia Parque

jueves, 1 de octubre de 2015

Entrevistadores

Hay muchos tipos de entrevista; voy a referirme a la que se hace con fines de difusión pública. ¡Qué malos entrevistadores hay en México! Independientemente de la falta de cultura, criterio o simpatía -la última más subjetiva que las otras-, el problema es que no atienden al principio básico de la entrevista: se trata del entrevistado.- El entrevistado es el que debe resaltar, el que debería hablar más. Hay actitudes tan infantiles, como querer mostrar todo lo que se sabe sobre la persona con la que se está.

Solamente vienen a mi mente dos buenos entrevistadores: Cristina Pacheco, cuyo programa de conversaciones en canal once [ESTE] es toda una institución, y Luis Carbajo, a quien solamente vi una vez, entrevistando a Miguel Ríos, pero que me impresionó por el lujo de entrevista.

Silvia Parque

Isabel, Carlos, Cortés, Carlitos y yo

Me regalé de cumpleaños, la tercera temporada de "Isabel". Soy su fan. ¡Qué pesar que terminara! Sentí un vacío, realmente; no me pasó ni con Dr. House. Pero es que este chisme está insuperable. Ahora empiezo con "Carlos, Rey Emperador", y siento como si tuviéramos algo que ver -cómo no, si conocí a los abuelos de estos y aquellos-. Estoy picada, y sin embargo, en este caso tendré que conformarme con los capítulos que vayan subiendo a la red... mejor así, porque soy capaz de armarme un maratón, y luego del de "Isabel" no es lo más conveniente para mi lista de cosas por hacer.

En esta otra serie, me encuentro con que aparecemos. Quiero decir: América. Aunque Colón ya había "descubierto" el continente desde "Isabel", ahora empieza la aventura de Cortés. Resulta muy interesante verlo desde la óptica de los conquistadores. Me recuerda la impresión de ver cómo el personaje de Carlitos, en "Cuéntame cómo pasó", aprendía las virtudes de quien desde este lado del mundo, siempre ha aparecido como villano. A propósito del "mes patrio" que acaba de terminar, y del relativamente reciente bicentenario de la independencia, me pregunto qué hay en mí de ese pasado que nos conforma.

Silvia Parque