domingo, 30 de marzo de 2014

Ni modo: como se pueda

El susto estorba. La ansiedad estorba.

En ocasiones, hay que hacer a un lado lo que estorba, como se pueda, aunque sea de formas que no son lo más recomendable... como elegir el mal menor.

Silvia Parque

Las cosas en el último momento

Es mala idea dejar las cosas para el último momento. Sin embargo, cada cual conoce sus capacidades, y en mi caso, no me sobrestimo cuando calculo que terminaré lo que haya que hacer; cuando sé que "es para ya", me aplico y termino.

Pero es mala idea dejar las cosas para el último momento. Un día, la cosa es más complicada de lo que una calculaba...

Silvia Parque

Las tortugas y la tesis

Preparo la presentación de mi examen de grado, iniciando con una leída en voz alta de la tesis, completa, caminando de aquí para allá. Me llevo algo entre las piernas, y lo devuelvo a su lugar; es el cable del calentador automático del acuario, que como puede suponerse, movió el calentador al ser arrastrado. Pongo el cilindro en su lugar, pegado a una pared de la pecera, y noto el agua fresca. Apenas se estrenó ayer. ¿Será que ya no sirve? ¿Simplemente hay que mover el indicador de la temperatura? No tengo tiempo para eso, apenas en la primera de cinco partes del segundo de cuatro capítulos. Pero ya que he venido a escribirlo, me remuerde la conciencia y voy a averiguar.

El agua está fría. Desconecto, muevo el termostato, recoloco el objeto, vuelvo a conectar, y espero que al rato suba la temperatura, a pesar de que no está iluminado el circulito de "on".

Guardadas las proporciones, imagino que así es con los hijos: la mamá dándole forma a su proyecto creativo o laboral, y el niño se cae de la bicicleta o hay que hacerle un disfraz porque va ser un conejo en el festival de la primavera. Mi reconocimiento a esas mujeres que pueden con los hijos y las tesis, y por supuesto, a los papás apoyadores que hacen su parte y tantito más, para que las mamás de sus hijos puedan realizarse no solo como mamás.

Silvia Parque

sábado, 29 de marzo de 2014

Pregunta sobre pregunta

Llamo a la abuela, que viene en camino hacia el centro del país. Le pregunto si empacó la película que quiero que veamos juntas, y me dice que mañana platicamos. Me pregunto si ha pasado algo, y le repito la pregunta original, a la que me contesta algo que no logro conectar con mi pregunta. Me pregunto si está chocheando, y le pregunto algo más, y un par de preguntas-respuestas después, me dice por fin que estaba dormida cuando contestó el teléfono.

En este caso no tiene importancia. Pero cuántas veces continuamos en medio de preguntas y respuestas, con o sin palabras, con o sin signos de interrogación, en condiciones en las que no podemos, ya no se diga entender, sino básicamente: estar con el otro.

Silvia Parque

Por aquí, por allá, para llegar a donde voy...

Releyendo un resumen de un fragmento de "La conciencia social y su historia" (de Serge Moscovici), recordé por qué iba a estudiar antropología, estudié psicología social, y terminé haciendo epistemología.
La psicología social podría convertirse en un conocimiento sobre la antropología de nuestra cultura, de la misma manera que la antropología a menudo es la psicología social de las llamadas culturas "primitivas".
Si todo lo que tiene el hombre ha sido construido por la humanidad a través del tiempo, también la razón, sus principios y categorías, han sido construidos en el curso de la historia. 
[La idea de la representación colectiva] apareció en la sociología en los años veinte, se difundió a la antropología, enriqueció la lingüística y se introdujo en la filosofía y la epistemología.
Silvia Parque

viernes, 28 de marzo de 2014

Extravío

La mejor manera de encontrar lo perdido es buscando otra cosa, así que me alegró haber perdido algo esta semana, pensando en que al buscarlo, encontraría mi llavero, que no veo hace dos semanas. Pero olvidé muy rápido cuál fue la segunda cosa perdida -no me estará haciendo falta-, así que no puedo buscarla.

Silvia Parque

Si esto, entonces aquello

Maquillarse demasiado.
No maquillarse.
Usar tacones demasiado altos.
Usar zapatos escolares.
Tener tres empleos.
Quedarse en casa.

He oído supuestas causas de que una mujer haga una cosa u otra, en visiones del mundo donde la complejidad de la persona se simplifica hasta la grosero. Ni siquiera se revisa lo relativo que es un "demasiado".

Silvia Parque

Supuesta discada norteña

Hoy desayuné un burrito de discada y comí tacos de discada, que según el amable encargado de la cafetería, era "discada norteña". Pero no. Para empezar, un burro debe formar un cilindro; una tortilla doblada no es un burro, y -como se adivina- lo que tuve fue una tortilla doblada.

Sobre el "contenido" del simi-burrito y los tacos, no tengo queja; estuvo bueno. Simplemente, no era discada norteña.

Considerando de antemano que lo de "discada" es una licencia, porque difícilmente cocinarían en disco, en la cafetería de la universidad, hago notar que un chorizo suave no tiene cabida en algo "norteño". Además, nuestras comidas no se cubren de verdura, y en todo caso, el tomate -que aquí es "jitomate"- iría picado.

Silvia Parque

jueves, 27 de marzo de 2014

Frío en la espalda

Abro la ventana y entra el frío a la habitación. Dejo que el aire fresco me llegue a la espalda. Siento que me abraza. Son cinco minutos de riesgo con ese plus que tiene lo rico, cuando sabes que te estás portando mal.

La garganta empieza a sentirlo y me muevo. Estoy acatarrada, pero de cualquier forma he estado acatarrada muchas noches desde el gran creía-que-era-un-resfrío-2013. Ha valido la pena.

Silvia Parque

¿Pero cómo es posible?

Pensamos y sentimos desde donde estamos parados, con las creencias que aprendimos y las experiencias que nos formaron. Tenemos valores y hasta procesos cognitivos diferentes, y por tanto, concluimos cosas distintas sobre la misma cuestión.

Al final de cuentas: no somos la misma persona. Parece evidente, pero observando las relaciones humanas, pareciera que hay una dificultad endémica por aceptar: "tú no eres yo". Suponemos que el otro no acepta nuestro punto de vista, porque no está siendo honesto consigo mismo o con nosotros, porque no tiene buena voluntad, porque se resiste a aceptar lo que no le conviene, porque no nos aprecia o porque nos desprecia, y muy comúnmente, porque le falta información o contexto para entender la información que tiene.

Pero es que no somos la misma persona, y simplemente, a veces diferimos.

Silvia Parque

¿Qué otra cosa tienes que hacer?

El ejercicio constante, disciplinado, puede hacer con poco talento, lo que puede hacer la fe del tamaño de un granito de mostaza. Ya con la suerte de tener un talento regular, suena a gran desperdicio dejarlo como adorno.

Creo que la mayor parte de las personas que logran cosas que valen la pena, pasaron por un proceso de dedicación que requirió tiempo y esfuerzo. Normalmente, los mejores estudiantes se han concentrado en clase, han puesto empeño en sus tareas y han preferido estudiar antes que nada más entretenerse. Quienes no tienen que hacer ninguna de estas cosas para aprender, es poco probable que en otros ámbitos corran con la misma suerte.

Las historias de éxito son casi siempre de caminos largos: un año, diez años, una vida dedicada a sacar adelante eso que interesa mucho y que puede vivirse como una pasión, una ilusión, un motivo para salir de la cama cada día. Esos caminos valen la pena por sí  mismos, independientemente de lo que ofrezcan al final. No obstante, vistos desde la perspectiva que ofrece el primer paso, pueden parecer abrumadores: no aptos para gente normal.

Ante mis caminos largos, me está sirviendo preguntarme: "¿qué otra cosa mejor, tengo que hacer?" No caminar es perderme la vida. Hacer atajos tramposos me pierde a mí.

Como lo veo, al final la vida se trata de dos, tres, cuatro cosas. Hay infinidad de experiencias, gustos, aprendizajes; pero las cosas que verdaderamente le importan a cada cual, no son muchas. Pesa no ocuparse de ellas. Además, el tiempo -ese año, esos diez años, esa vida entera- se va de todas formas. Un día una voltea hacia atrás y dice: "bueno, sí es tardadísimo, pero si hubiera empezado cuando supe que había que hacerlo, ya habría terminado".

Silvia Parque

miércoles, 26 de marzo de 2014

Fidelidad a la elección

Hay muchas dietas para adelgazar; sin contar las peligrosas, hay unas mejores que otras. Muchas, son incompatibles entre sí. Si estoy en la "dieta de los jugos" el lunes, pero el martes cambio a la "dieta de la carne" y el miércoles pruebo con otra que me recomendaron, no voy a ver resultados porque no dejo que ninguna haga efecto. Creo que así es con otras cosas también.

Silvia Parque

Más notas para la campaña: distinción entre el sentimiento de contento y el estado de felicidad

El estado de ánimo cambia: nos sentimos contentas, tristes, enojadas, etc. Debe ser muy cansado pretender estar tan evolucionadas como para transitar del contento a la serenidad, sin nunca pisar la tristeza, el enfurruñamiento o el fastidio. Sí creo que sea posible llegar al autodominio; pero precisamente es auto-dominio, porque hay algo que dominar: algo que efectivamente se presenta. De hecho, también creo que es posible llegar a ese estado de evolución mental-espiritual de no-perturbación; pero la mayoría de los habitantes del planeta, no vamos ni aspiramos a ir por ahí.

Así que el estado de ánimo cambia. A veces es un mal ánimo y eso se vale, aunque en ciertos contextos esté muy señalada la tristeza, el enojo o cualquier cosa que se aleje del tono del sonido de campanitas.

A la felicidad, la pongo aparte. Entiendo la felicidad, no como el sentimiento de contento o de alegría, que puede irse de un momento a otro -como el resto de los sentimientos-, sino como una forma de estar en el mundo, en la que toman su lugar, por ejemplo, los sentimientos que van pasando. Este "fondo" puede ser multicolor o gris -o sepia, o verde, quién sabe cada cuál-, puede estar reluciente o raído. Algunos son felices. Otros son otras cosas. No todos tienen que ser felices. Y los que son felices, no tienen que tener una felicidad de la "f" a la "d", con todas las vocales de en medio, bien delineaditas. Se tiene la felicidad que se puede, a veces se pierde, a veces hay que desmontarla. A veces también se repara, se reconstruye, se vuelve a colocar.

Silvia Parque

Hay facilidad construida

Yo prefiero lo fácil; además, sostengo que lo que "nos corresponde" es fácil. La vocación decanta las dificultades de lo que toca, dejándonos el camino transitable y disfrutable. Y la vocación no nada más se refiere a la elección de carrera o trabajo, sino a esa inclinación por cumplirnos a nosotros mismos, desarrollándonos de la manera en que dicta el anhelo profundo del corazón. Eso quiere decir, por ejemplo, que si mi vocación es la vida en el campo, no me va a pesar amargamente la experiencia de estar en contacto con animales no invitados a mi casa: son parte del paquete; probablemente le pesarán a quien tenga "vocación urbana".

Pero la vida no es echarse a recibir las cosas que queremos, como si fueran a darse -y a dársenos- por generación espontánea. Hay que hacer las cosas; a veces hay que esforzarse y a veces el esfuerzo es duro: hay esfuerzo que duele.

Imagino a un deportista: si está en el deporte que de verdad "es lo suyo", no va a sufrir cada vez que despierte temprano para ir a entrenar; pero eso no significa que desconozca la tentación de quedarse un ratito más en la cama, o que no le cueste el llevar al cuerpo a un mejor desempeño.

Muchas cosas que valen la pena, no son fáciles del tipo de estirar la mano y tenerla hecha; pero creo que si las queremos verdaderamente, podemos facilitarnos el tránsito a conseguirlas. Creo que si recordamos por qué queremos eso, podemos encontrar nuestro propio camino a obtenerlo, y ese camino propio, a nuestra medida, será cómodo, o al menos, menos incómodo que otros caminos. Ya adentrados, seguro hay un punto en que seguir avanzando empieza a ponerse fácil. Construimos la facilidad.

Silvia Parque

martes, 25 de marzo de 2014

Felicidad, sí; obligación de felicidad, no

Borrando mensajes de texto del celular, para hacer espacio en la memoria, encontré uno de un amigo que decía una cosa y otra, y entre cosa y cosa, que yo estaba en contra de la felicidad, en alusión a mi campaña por la abolición de la obligación de la felicidad.

No es así. Estoy en contra de la obligación de ser felices, no de la felicidad. La felicidad me parece posible y valiosa; la deseo para mí y para los demás, y celebro encontrar modos de construirla, acercarme a ella o mantenerla vibrante. 

Solamente: no me parece que tengamos la obligación de ser felices. Si en un momento dado no podemos o no queremos ser felices, ni modo. La insistencia en la felicidad como obligación tiene estrecha relación con la necesidad de aparentar felicidad, que va dejando miseria en el alma. También genera estrés, frustración y culpa, entre quienes no consiguen instalarse en la felicidad.

Silvia Parque

En la lavandería

La señora de la lavandería me explica con educación, que sí quiere darme servicio, pero no le conviene, porque le llevo muy poca ropa. Que junte unas ocho blusas blancas, unas ocho negras, y entonces sí.

No le aclaro, porque no lo tengo tan claro, que no tengo ocho blusas blancas. Pero a mí su oferta no me conviene.

Me hace gracia que quiera explicarme. Dice "déjeme le explico para que no se enoje". Yo de verdad no me enojo; entiendo. La dejo hablar porque a pesar de que le he dicho que no hace falta que me explique, parece que le es necesario.

Simplemente no nos convenimos. Así pasa a veces. Hay otras lavanderías y otras clientas. En muchas otras interacciones, no es así de sencillo, así que hay que agradecer estas situaciones donde no pasa nada por el desencuentro.

Silvia Parque

Para el entripado

Llamo "entripado" a la sensación de que mis tripas se han trenzado desordenadamente, formando un nudo apretado. En mi caso es casi siempre efecto de la ansiedad, pero puede ser efecto del miedo.

El entripamiento perdura aunque se controle la situación donde se originó la ansiedad o el miedo, e incluso aunque de hecho se controlen la ansiedad o el miedo. Y no me deja comer. 

Por si alguien también se entripa, he notado que viene bien tenerle paciencia al cuerpo -no obligarlo a comer-, tomar té -sin azúcar-, y comer un poco en cuanto vuelva a ser posible. 

Casi a nadie le pasa algo realmente malo por pasar un par de días con poco alimento. Lo más importante es tratarnos, en la medida de lo posible, comprensiva y cariñosamente.

Silvia Parque 

lunes, 24 de marzo de 2014

La mentira del día a día

Se tiene por muy malas a las mentiras. A mí no me gustan.

[Hago una diferencia entre no decir la verdad, mentir y engañar. De haber una escala, lo peor sería engañar, y se puede engañar sin decir mentiras. En algunas situaciones, omitir decir una verdad es jugar bastante chueco, aunque difícilmente se pueda reclamar a quien no dijo una mentira.]

Aunque aprendí a mentir al convertirme en adulta, prefiero no hacerlo, y creo que verdaderamente es posible evitarlo. Solamente que a veces sale más barato mentir que no mentir, y la vida es muy complicada como para que nunca optemos por lo más barato...

El caso es que la mentira me parece mal, y como mentir fue completamente ajeno a mi experiencia hasta que fui mayor, era muy poco empática con la necesidad de mentir. Incluso cuando empecé a manejar las mentiras "nivel 1" del mundo adulto, no usé ni mentiras piadosas en mi relación de pareja. Supongo que por eso, la mentira me resultaba insoportable. Pero las personas cambiamos, y me estoy volviendo muy comprensiva con las mentiras de los demás -y no porque yo esté incrementando mi dosis de mentirillas-.

Últimamente me resulta chocante la actitud de desenmascarar las mentiras de los otros, que tuve durante algún tiempo en alguna relación, pero que algunas personas ponen en marcha con cualquiera, como si hubieran sido nombradas defensoras de la verdad.

Las personas mienten porque lo necesitan. Hasta donde he visto: para obtener beneficios o evitar perjuicios; en este último caso, muchas veces se trata de protegerse porque tienen un miedo que viene de malas experiencias, que pudieron ser tan dolorosas como una no tenga idea. Así que si la mentira no me está dañando o está dañando a alguien más en un ámbito donde yo tenga responsabilidad, creo que no tiene caso meterse con ella.

Obviamente, no me refiero a las mentiras de los políticos ni a todas esas mentiras por las que muere gente. Me refiero a las mentiras que protegen a las personas de mostrar sus lados más vulnerables; creo que están mal, pero que son parte de ser humanos.

Silvia Parque

Pensando en la tarde en el centro

Yo vivía en el centro de la ciudad. Ahora vivo cerca de un extremo. Eso significa reorganizar tiempos y rutas, sobre todo considerando que mis actividades y "pendientes" tienen lugar en el centro o cerca del mismo.

Fue delicioso vivir en un centro tan bonito. Amé que mi cotidianidad tuviera lugar entre sus plazas y jardines, pero era difícil instalarme en un departamento céntrico, y sabía que, además, cambiar de coordenadas podía espabilarme para asumir que estoy en una etapa diferente de mi vida.

Es fácil justificar que entre lo que gano de espacio y lo que pago de renta, se compensan los tiempos de traslado y los gastos que puede ocasionar la distancia; pero en realidad, la decisión de en dónde duermo tiene más que ver con dónde dice el corazón "de aquí soy", que con otras cosas.

Silvia Parque

De lo que se guarda muy-muy adentro

Hay cosas que se quedan guardadas muy-muy adentro, antes de que hubiera un lugar para guardar cosas. No se puede llegar a ellas sino siguiendo pistas, en un camino intrincado de lo que no se ve, no se puede, no resulta -hasta eso: las pistas se repiten tanto que no hay oportunidad de perder una-.

Como se forman los hongos alrededor de un insecto que quedó en un resto de comida, alrededor de estas cosas se forma lo que somos.

Es posible que un día, digamos un sábado por la mañana -como podríamos decir cualquier otro día-, la palabra entre por esa capa enorme de actitudes, premisas y gestos, haga a un lado lo que le estorbe, y deje ver la seña de la pala que cavó el hueco de lo que hemos sido.

En ese caso, al día siguiente, si nos levantamos y amanece domingo, van a estar las mismas cosas guardadas, pero nada va a ser igual.

Silvia Parque

domingo, 23 de marzo de 2014

Redireccionar peticiones

Era común que entre los papás o mamás de la gente de mi generación, se oyera: "¿crees que soy el banco?" Pero también se oía decir que si una fuera al banco a extender la mano para pedir dinero, la cajera diría: "¿crees que soy tu mamá?"

Yo creo que se puede pedir todo lo que una quiera, pero a menudo, le pedimos a una persona algo que no le corresponde darnos. A menudo, también, pedimos a personas cosas que una persona no puede dar. Es cosa de redireccionar la petición.

Silvia Parque

Me quedo con dos...

Matt lo ha tomado de suguspiña; yo lo quise tomar de Matt, pero se me complicó... necesité acotaciones... Se trataría de elegir, no los que en realidad hayan sido los dos mejores momentos de la semana, sino los dos mejores momentos, publicables. Cualquier adulto daría por hecho que es así, pero yo tan literal y con mi neurosis cuadriculante, lo acoto. Luego: ¿solamente dos?, ¿y el insecto que se me paró en el cabello...? ¿Cómo podría ponerlo a competir con el momento de recibir las tesis empastadas, de manos del impresor? Dos son muy pocos (y sin embargo, de haberlos buscado el sábado por la mañana, que no me sentía bien, habría sido difícil encontrarlos... ¡pero es domingo por la noche!)

Estaré eligiendo los dos mejores momentos de la semana, en mi relación con mi casa. Aquí van los de estos días de inicio de primavera:

- Llegar y no encontrar luz.- Que no hubiera energía eléctrica era casi lo único capaz de hacer que no me desvelara. Hay que recordar que una de las cosas más importantes para las que se hizo la noche, es para dormir.

- Llegar y encontrar luz.- Después de días sin energía eléctrica, que se restablezca es también restablecer la normalidad. Y llegar y ver la casa con luz es como señal de que ella no se enoja si me voy y la dejo cuando no puedo estar con ella; de que ella se entiende con la Providencia...

Silvia Parque

Electricidad

El taxi pasa a la altura de mi casa, por la calle paralela a mi calle, y veo luz, probablemente de mi recámara. Agradezco a Dios y a la Comisión Federal de Electricidad, y cuando nos estacionamos, antes de pagar al chofer, me asomo a confirmar que sí: es luz de foco, luz que llena de claridad la habitación y alcanza para la sala comedor.

Entre los servicios básicos, lo peor es estar sin agua. Al internet lo pongo en el mismo nivel que a la electricidad, pero sin electricidad, no hay internet. El gas es lo de menos; me las arreglo bien con la energía eléctrica para cocinar y calentar el agua -lo cual me hace más dependiente de la luz-. Así las cosas, el jueves llegué a la casa y me encontré en la oscuridad. Pero no hay mal que dure cien años...

Silvia Parque

miércoles, 19 de marzo de 2014

Lo que toda mujer necesita oír cada día

Llegué a ESTE VIDEO tonteando por Facebook. La persona que lo posteó, escribió que lloró con él. Yo lloré de apretar la cara y sentir el pecho caliente. La página donde está, invita a verlo cada día. Supongo que a quien tenga asimilado el mensaje, no le hará falta la repetición. A mí, me vendrá bien.

Silvia Parque

Pedir y no pedir

Creo que es importante aprender las siguientes dos cosas:

- Pedir sin limitar el tamaño de la petición. No escatimar, ni posicionarnos en el lugar de quien recibe la petición; esa persona por sí misma, habrá de considerar sus posibilidades, y dirá "sí" o "no".

Al niño hay que dejarlo que pida un dragón para su cumpleaños, si eso quiere. Eso de ninguna manera quiere decir que haya que conseguirle uno. Siempre conviene tener claridad en lo que se quiere obtener, y si se trata de algo que se obtiene a través de otros: ir por ello, por ejemplo, a pedirlo. Da igual si es algo material, una prerrogativa, algo afectivo: "al que no habla, Dios no lo oye". Puede convenir, por estrategia, pedir menos de lo que se quiere obtener, pero en tal caso, la pequeña petición es forma que envuelve a la petición de mayor tamaño.

- No pedir lo que representa para aquel a quien se pide, ir en contra de sí mismo. Creo que esto debería ser un principio del mismo nivel que la prohibición de la esclavitud. Es evidente que no se debe pedir a alguien que se mate; pero tampoco se debe pedir a alguien que renuncie a su vocación, que deje de buscar el amor o cosas por el estilo. Creo que a ningún cuerdo se le ocurriría llegar con el jefe a decir: "por favor, renuncie y recomiéndeme para su puesto". Pronto aprendemos convenciones sociales sobre lo que "no se presta" y por tanto, "no se pide", como el cepillo de dientes.

Pero a menudo pedimos a las personas que declaren en contra de sí mismas o que se queden sin su tiempo de descanso por nuestra causa.

Silvia Parque

El final de "Cuando un hombre ama a una mujer"

Buscaba la escena final de "Cuando un hombre ama a una mujer", y encontré ESTE CLIP, que es más o menos una sinopsis de la historia de amor de la pareja.

Amo esta película porque expresa un amor palpitante. (La vi hace más de un año.) Contrario a algunos comentarios que he leído, yo no creo que sea una película rosa-bobo; nada más no es de un realismo crudo; pero no todo tiene que serlo para transmitir la esencia de una situación, condición o circunstancia.

Amo esta historia porque creo en el amor y me gusta verlo sobreviviendo a los embates de la imperfección humana. A primera vista, él ("Michael", interpretado por Andy García), es un dechado de maravillas; pero no es mejor que ella: no está libre de responsabilidad por lo que ocurre con la persona que duerme en su cama. Como lo veo: ellos son la gran cosa juntos, pero las mismas características que los hacen formar la gran cosa que son, a ella la pierden y a él le impiden estar verdaderamente con ella. Por eso, los intentos de ella por recuperarse, mucho más que su extravío, rompen lo que son como pareja, y hacen que se separen -en el extravío estaban "acomodados"-.

Amo que al final, se recuperen el uno al otro.

Silvia Parque

martes, 18 de marzo de 2014

Si va usted a insistir...

Hágalo con ritmo, así se va a notar menos que está rogando. Así, por ejemplo:


Silvia Parque

De lo que puede hacer falta una religión

No profeso una religión. Para algunos que me conocen de un lado, esto es extraño porque soy creyente. Para quienes me conocen de otro lado, lo extraño es que sea creyente. El caso es que lo soy, y me resultaría muy conveniente profesar una religión.

La palabra "religión" viene del latín "re-ligare", que a grosso modo, significa "volver a ligar", "unir doblemente", porque la idea de la religión es unir a un conjunto de personas como cuerpo de una iglesia, y unir a cada una de las personas individuales con Dios, a través de la práctica doctrinaria.

Por eso, la religión viene como anillo al dedo a la necesidad humana de ser sujeto, es decir "estar-sujeto-a", sin contar con que satisface otras necesidades cuando es verdaderamente el espacio para el desarrollo espiritual, y a partir de las prácticas socioculturales que implica. A menudo, se repiten expresiones como "la religión es el opio del pueblo" o similares, fuera de contexto y desde un entendimiento parco de la religiosidad, la religión y las religiones -que no son la misma cosa-.

Pero volviendo a mi asunto personal:

No me aleja de la religión saber que cada una de las instituciones religiosas, como todas las instituciones humanas, tiene nichos de corrupción y perversión, que en determinados ámbitos, han corroído hasta la médula de la organización.

Tampoco me aleja la comprensión de los mecanismos psicodinámicos y  psicosociales del tejemaneje religioso. Conocer y entender el rito y el mito, no me los desvanecen, al contrario. Por más que para otros sea una contradicción: yo sé que Dios es una creación humana, y creo en Él, así con mayúscula, como su pequeña hija, a la usanza cristiana.

Tampoco reniego de la disciplina, y para nada supongo que implique la pérdida de libertad -casi siempre es al contrario: permite la verdadera libertad-, así que no le huyo a preceptos "difíciles". ¡Vaya!: si estuviera camino a ser Testigo de Jehová, no me negaría a rechazar la celebración de cumpleaños por razones como: "todo el mundo lo celebra", "me voy a perder de un gusto", "le voy a dar un disgusto a mi familia"; me negaría porque no comparto sus creencias al respecto... razón por la cual no estoy camino a ser Testigo de Jehová.

Simplemente, no comparto los credos de las religiones que conozco: ni varios de los importantes-esenciales ni muchos de los secundarios, que derivan en "políticas de comportamiento". Así que quedo fuera. Sé que muchas personas profesan una religión sin aceptar su credo totalmente; yo no podría. (Aquí la palabra "aceptar" está muy escogida: se puede aceptar algo que no se cree, por ejemplo, por fe en la autoridad que lo propone.)

Quedar fuera, tiene costo. Si fuera atea, no tendría problema. Si viviera algo así como "la espiritualidad", del modo en que vivo "el teatro", "la ocupación en la universidad", etc., tampoco creo que hubiera problema. Pero yo, desde mi idiosincrática relación con Dios, a partir de mi credo particular, soy religiosa de tiempo completo. No es algo para andarse publicando, pero trato de comunicar que la cosa me importa sobremanera. Uno de los costos de quedar fuera, es que no hay lugar para exponer o compartir las preocupaciones y los sentires sobre estas cosas... En la adolescencia, como correspondía, podía creer que me las sabía "de todas, todas". Ahora, resiento la debilidad de mi fe. Quien profesa una religión tiene, digamos, "soporte técnico" para alimentarse espiritualmente, y fortalecerse en la fe.

Un día -espero- también me va a preocupar cómo enseñar a mi hijo o hija a vivir su propia relación con Dios...

Silvia Parque

Hablando se entiende la gente... o no

Las palabras en la boca de alguien no son las mismas que en la boca de otra persona, aunque tengan las mismas letras. Cuando hablamos, el mensaje se emite desde la posición que tenemos en la relación, desde la figura que representamos, y con el peso de las experiencias previas. Por eso los conflictos entre personas estrechamente vinculadas, si no tienen mediación, a veces se ponen peor "hablando". Por eso mismo no es pérdida de tiempo hacer mención de qué estamos entendiendo y qué estamos sintiendo ante lo que oímos, ni está de más hacer acotaciones respecto al sentido de lo que estamos diciendo, siempre y cuando todas estas "notas al margen", las hagamos con honestidad, sencillez, y afán de conciliación.

Silvia Parque

lunes, 17 de marzo de 2014

Ver la frustración repetida

Una de las cosas a las que doy poder para desinflarme, es a la conciencia de que repetidamente experimento frustración por la misma causa. Por estos días he visto que no soy la única. Para un conjunto de mujeres, la conciencia de que continuamente viven frustración por la misma causa, incluso durante años, les resulta altamente desalentador.

No son las cosas que frustran, ni la frustración en sí misma, y en realidad, tampoco es el hecho en sí de que se repitan las frustraciones, sino la conciencia de que se repiten. Por ilustrar: si yo fuera una estudiante que reprueba continuamente sus asignaturas, el desaliento mayor no sería por reprobar, ni por lo que pienso y siento cuando repruebo, aun cuando esto se repita una y otra vez; sería por el darme cuenta de que repruebo una y otra vez. Creo que esta conciencia activa un mecanismo golpeador de autoestima y de expectativas. Pero también puede ser el detonante para cambiar de rumbo.

Silvia Parque

Al cuerpo

Muchos males se van al cuerpo.

A veces paso por encima de las dificultades y tomo un buen pedazo de terreno para mis pies, doy pasos, y complacida, me digo que todo está bien, para descubrir que las manos están sudando de más, que la espalda se ha puesto tensa a punto del dolor, o que de plano me duele una parte de la cara. Si no me ocupo de mis nudos interiores, me molestan hasta que les haga caso. No piden resoluciones, pero no dispensan que me haga tonta: voy al origen del anudamiento y tomo nota de todo lo que vea, o hacen alharaca.

Silvia Parque

La valentía


Yo me he vuelto valiente en el último par de años, por necesidad. No tengo predilección por esta característica, pero cada vez me convenzo más de que es indispensable para hacer una vida, y voy apreciando mi valentía y la de los demás.

Creo que hace falta ser valiente para buscarle el modo a la vida, cuando lo importante ha salido mal; pero reconozco la valentía de quien decide matarse y lo hace -no en todas las circunstancias: no veo valentía en el arrebato-. Creo que es de valientes terminar con una mala relación amorosa, pero también hace falta valentía para permanecer y tratar de ir a mejor. De igual modo, hay valentía en aceptar un reto laboral o vocacional, pero también en ir contra la dinámica del éxito y decir "no".

Algunos dicen que es de valientes decidir o hacer, una cosa u otra; yo creo que la valentía está en la toma de una decisión que te mueve de donde estás.

Silvia Parque

domingo, 16 de marzo de 2014

Solidaridad del lado oscuro

Hace un mes pasamos por un proceso de reclutamiento y selección en el Departamento donde tengo una oficina -ahora compartida-. Somos cinco mujeres; en ese momento: cuatro mujeres y un hombre -el hombre es quien se fue-. Como el mundo es un pañuelo, recibimos currículums de personas que conocemos (de hecho, preferimos a personas que conocemos).

Como dije, en ese momento éramos cuatro mujeres; tres de nosotras con más tiempo haciendo equipo y conociéndonos "de antes". Entre entrevista y entrevista, la cuarta de nosotras, finalmente sacó de sí, que Fulanita candidata la había estado molestando desde el cunero. ¡Faltaba más! Tremendo asterisco fue marcado en el correspondiente currículum.

Nuestra objetiva Jefa de Departamento se limitó a velar por la armonía en el equipo de trabajo. Pero la Jefa de Área y yo, sacamos nuestras espadas de subjetividad femenina y nos declaramos solidarias en el rechazo a la desconocida que tantas veces le había sacado la lengua a nuestra agraviada compañera.

Esta solidaridad del lado oscuro da fuerza. Cuando yo la he necesitado, sentirla me ha hecho levantarme de charcos que son peor que hoyos. Tal vez nada más una mujer tenga el poder de hacer esto por una mujer.

Silvia Parque

El factor aburrimiento en algunos finales

Hay muchas formas de terminar con algo. Algunas cosas terminan porque nada más pueden durar si crecen. Por eso hay personas que dejan un buen trabajo en el que no pueden seguir desarrollándose. En este conjunto de "terminaciones" hay un factor que juega un papel importante: el aburrimiento. Creo que el aburrimiento hace que se le ponga "fin" a algo, más que sentimientos o emociones fuertes; estas últimas enganchan.

Silvia Parque

El placer dominical de vegetar

Mis gustos se dan en un asiento: ver películas, comer, ir al teatro... o acostada. Cuando mi profesor de teatro dice que hay que "mantener la energía" en el escenario, me presenta el mayor reto del mundo. En la oficina o en la casa, hago todo lo posible por hacer con la menor cantidad de movimientos. Antes podía estirarme hasta estar a punto de caer de la silla, por alcanzar un lápiz sin levantarme y dar un paso; ya maduré un poco y no me pongo en peligro, pero a menudo se acumulan papeles por el piso -no en la oficina... aunque ahí se acumulan hojas sobre el escritorio-.

Si decreto que el domingo será para ver pelis y vegetar, puedo esuciarme de chocolate y pegarme en la pierna, retorciéndome para alcanzar el vaso de agua, antes de incorporarme como la gente decente. Pero tuve el buen tino de cambiar la pijama por ropa limpia, mover el futón y acomodar almohada y colchita, recoger la basura que me rodeaba y colocar estratégicamente cerca los insumos alimenticios del día. Y todos esos segundos de trabajo han dado su recompensa. Estoy como en el cielo pecaminoso del placer.

Silvia Parque

sábado, 15 de marzo de 2014

A lo suyo, sin control

A veces, apago mi alarma y vuelvo a dormir, sin darme cuenta. Sé que ocurrió porque cuando despierto y veo la hora que es, la alarma está apagada. Pero no recuerdo haber oído algo, haberme despertado o haber decidido tomar "cinco minutos más".

Da un poco de miedo saber que es posible hacer cosas mientras una parte del cuerpo y casi toda la mente, están sin conciencia.

Silvia Parque

Mire usted qué forma...


Es bonito. Es sencillo. Gasta poca gasolina. Es económico. Es para mí.

Silvia Parque

Buen sueño

Ayer por la noche tuve un buen sueño. Me parece un regalo estupendo de parte de Dios. Y es que hay lucimientos se pueden nada más con harto poder.

Silvia Parque

viernes, 14 de marzo de 2014

Final feliz

De la quinta temporada...
"[...] déjeme entenderlo bien, tenemos una relación pero ¿solo cuando es conveniente para usted? [pausa] Lo puedo aguantar".
He visto uno por uno, todos los capítulos de La Niñera, muchas veces. Me gusta saber que al final, se casan y tienen un par de bebés.
"No hay ninguna forma de poder empezar nuestras vidas juntos [...] quiero que me lo pida porque no pueda imaginar la vida sin mí, porque en verdad me quiere. Empiezo a creer que merezco eso."
Silvia Parque

Coma manzanas de Chihuahua

Son las mejores del mundo. Está comprobado por mí.

Sé que en gustos se rompen géneros, pero como en mi tabulador de calidad, las manzanas norteamericanas están muy por debajo de las mexicanas, me cuesta creer que los consumidores compren esas manzanas igualitas -entre sí- porque hayan comparado y preferido las importadas. Den una oportunidad a las nuestras manzanas, por favor.

Silvia Parque

En casa

Amo llegar a mi casa; estar en mi casa; sentir que estoy en casa.

Faltan muebles, falta poner cortinas en la recámara; pero no importa; con internet tengo "hogar". Llego cansada del trabajo, después de un recorrido largo con el sol demasiado encima, la saludo a ella y a las tortugas, y es ella la que me responde, con su fresco y sus cosas esperando por mí -las tortugas están siempre en lo suyo-.

Amo estar en el espacio que es mi espacio, donde está perfecta mi forma de ser; pero sobre todo, lo que no pueda y lo que no me parezca bien. Aquí estuvieron mis amigos y me dejaron buena vibra. Aquí, cuando alguien no quiera estar, puede irse sin que eso me mueva el piso: es mi piso.

Es un departamento rentado pero es mi casa. Me costó tanto esfuerzo psíquico dármela, como otros batallarían económicamente para comprar una gran residencia.

De pronto no tuve lugar en el mundo, y ahora estos metros cuadrados me instalan en el bienestar. Me siento en este futón heredado, repaso la lista de las personas que me ayudaron directa o indirectamente a sentarme aquí, y estoy acompañada.

Amo que las paredes sean blancas, y tener en mente pintar lo que está en color mostaza.

Silvia Parque

jueves, 13 de marzo de 2014

Me gustaría...

A veces me gustaría ser más lista para lo que me importa de verdad: entender más rápido las situaciones, pero sobre todo, saber más rápido que es lo que hay que hacer. Porque acabo por entender, y a veces hasta entiendo muy bien; pero me tardo, y aunque respeto el tiempo de mis procesos: me gustaría que fueran más rápidos -la vida no se detiene a esperar que una haya entendido-. Me gustaría también, ser ecuánime y comunicarme más asertivamente. Al menos, voy poniendo atención a estas cosas. Poner atención, sirve. 

Silvia Parque

Si no quiere, no se puede

Se necesitan dos voluntades para las cosas que son entre dos. En clase, por buenísimo que sea el profesor, si el alumno no quiere, no se puede; en familia, el papá tiene una enorme responsabilidad en la vida del hijo, pero si el hijo no se pone las pilas, la cosa no va a salir bien; con las cuestiones de pareja no es diferente. Y a veces no se puede querer; no hay condiciones para "querer"; la persona hasta puede querer "querer", pero no le alcanzan la energía y el amor propio, y le juega en contra la historia de vida.

Silvia Parque

Un jovencito con cara de no saber

Qué difícil es dejar algo importante en las manos de un jovencito. Seguramente habrá algunos que transmitan gran capacidad de hacerse cargo de las cosas, pero yo hoy tuve que arreglármelas con uno que no transmitía eso para nada. Sabiendo que soy impaciente, traté de tomarlo con calma. Pero fue difícil: estaba entregando mis papeles originales, firmados, a una persona con cara de no entender nada de lo que le pedía que hiciera con ellos. Amable, eso sí. Pero con una expresión de estar "en blanco".

Supongo que daría lo mismo que la persona tuviera treinta años o cincuenta: dejar algo importante en manos de alguien que no parece competente para ello, causa cuando menos, incomodidad. Pero si se trata de una persona adulta, al menos hay una especie de "tú por tú" que hace que una se pueda poner, digamos, exigente, o que le hace a una consolarse con la idea de que la maña o la experiencia suplen en algo al entendimiento.

Silvia Parque

miércoles, 12 de marzo de 2014

Compartir internet con los vecinos

Por fin tengo internet en casa :) Contraté el servicio, y llegaron a instalar el módem antes de lo que creí. Es estupendo. Me gustaría que los vecinos a los que llegue mi señal, si quieren, puedan usarla. Creo en el "acceso libre a internet" y me gustaría contribuir, en la medida de mis posibilidades. "En la medida de mis posibilidades" significa que si "liberar mi señal" me hace tener una conexión lenta o me ocasiona otro tipo de problema, entonces no voy a hacerlo. Así que me dispuse a buscar en Google cómo permitir que mis vecinos usen mi señal, y qué podría pasar si lo hago, ¡y no encontré nada en ese sentido! Todo lo que hay es información sobre cómo robar la señal, cómo hackear al vecino, y en menor cantidad: en qué lío se pueda meter quien lo haga. Hay algunos artículos sobre vecinos que acuerdan contratar un solo servicio de internet, en conjunto, pero son de España, así que no me sirven. ¿Nadie va en sentido contrario? ¿Nadie piensa que, si no pierde nada, qué bien que el otro gane algo? Tal vez todo el mundo sabe que si hace lo que yo pretendo, sí pierde algo: velocidad, seguridad, qué se yo... En cualquier caso, está la opción de tocar la puerta, presentarme y ofrecer mi clave, al menos a la vecina de abajo, eso no puede ser grave...

Silvia Parque 

Lo que todo el mundo sabe sobre caer y los viejos

Hoy me caí. Extendida toda en el piso, pasé por esos segundos decisivos en los que el dolor define si se ha hecho más daño el cuerpo o el amor propio; como fue lo segundo, me levanté y seguí caminando. Recordé que la abuela de una de mis compañeras se cayó antier, y una ocasión en que mi abuela se cayó en el supermercado -no es su última caída, pero es la que recordé (tampoco es que se la pase cayendo)-.

Pensé que las personas adultas no caen con frecuencia; pero que el envejecimiento aumenta la frecuencia de caídas y las hace peligrosas: todo el mundo podemos darnos un mal golpe al caer; pero una caída que podría no tener consecuencias para un tipo de treinta años, a un señor de ochenta puede romperle algo y discapacitarle. Como es evidente, no andaba yo con pensamientos originales, así que no extrañe el que pensara también, que al niño que empieza a caminar y cae, se le ve caer con cierta congoja, pero sin miedo de que se haga gran daño; a veces incluso, con un gesto que conjunta arrugas de preocupación en la frente, con una leve sonrisa porque de algún modo, cada caída acerca al niño a dejar de caer y encontrarse caminando. En cambio, es una pena ver caer a un adulto mayor. He visto algunos que van tomándole un miedo a desplazarse, que la familia o los cuidadores, no saben gestionar. Será que en estos casos, cada caída acerca a la inmovilidad, y la inmovilidad total asusta.

Silvia Parque

Yo mando, no tú

Me molesta que las máquinas se tomen atribuciones que no les corresponden. Por ejemplo, en mi blog De palabras y cosas así, están apareciendo las etiquetas de las entradas. Y yo no elegí que fuera así. No sirvió ir a  "Diseño", a la parte de "configurar entradas": ahí todo está como lo dejé. Sé que se arreglaría con mayor educación informática, pero no la tengo, y creo que si la tuviera, no dejaría de molestarme un poco tener que ponerla al servicio de mover lo que otros -u otra cosa- han movido.

Silvia Parque

martes, 11 de marzo de 2014

Si hace como pato...

O "no somos más que patitos"

Cuando hemos detectado de qué pie cojeamos con una persona, hay que tratar de actuar como si no fuéramos la excepción a la regla, es decir, hay que tratar de verse a una misma y de ver al otro, como personas ordinarias.

Es fácil imaginar a esa señora que es la única persona que no sabe que su hijo se droga. Porque se ve como pato, hace como pato, camina como pato, pero como su cría no puede ser un pato cualquiera, es un cisne blanco resplandeciente... o un pato en una burbuja de valores hiper-protectora. Y está la que puede admitir que su torpe patito no hace más que "cuac"; pero está segura de que ella es la pata elegida por el dios de los patos, para sacar a su cría de cualquier boca de cocodrilo. 

Cierta sobredimensión es buena, porque nos hace ir más allá de los parámetros de la mayoría, y romper nuestros límites; pero vivir en la ceguera no conviene, es hasta peligroso.

Silvia Parque

El hombre que huele rico, en el café

Entra alguien al café; huele rico. En realidad, entran dos jóvenes que ahora veo que se llevan los cafés, seguramente al trabajo porque traen sus gafetes colgando; un grupito de otros tres hombres, más jóvenes y más animados que los anteriores; una mujer que pide lo suyo con algo así como prisa en la mirada de fastidio; y un señor que es el único que se ha sentado, a unos metros de mi mesa, y que es el del aroma.

Debe tener más de cincuenta años, y apenas me devuelve una no-mueca cuando le sonrío. Para mi gusto, no tiene un centímetro de guapo, pero va bien vestido -nada elegante- y con los zapatos limpios. Debe dar gusto tener un papá así, un marido así. Me gusta ver a esos hombres ordinarios con recursos para entrar a un café, con intereses para pensar con una libreta, una chequera y un bolígrafo, mientras hacen a un lado el libro que sacaron del portafolio para poder sacar lo que sí van a usar. Para cosas más cercano-afectivas, me gustan los que aprecian, tienen y usan buenos bolígrafos, y más los de plumas fuente -será porque yo no me hallo con ellas-. Este vecino de mesa no es de esos; tiene un bolígrafo de los que regalan en algún lado; pero mira sus cosas con severidad amansada, y eso compensa.

Silvia Parque

lunes, 10 de marzo de 2014

Para que no corte sus deditos

Cuando utilice un cutter, no piense que por ser rosa es menos potencialmente peligroso que un cuchillo de carnicero asesino. Todo puede hacer daño en manos descuidadas, así que siga las instrucciones que le daría una educadora de preescolar o un hombre diestro en herramientas con poca fe en su habilidad:

Siéntese o párese equilibradamente.
No dirija la navaja hacia su cuerpo, sino hacia el otro lado.
Sustituya la fuerza por la habilidad y haga movimientos precisos. 

Silvia Parque

Prioridades materiales: internet

Hay gastos -de dinero- que se imponen de manera que casi no dejan opción (porque siempre hay opción, pero hay algunas opciones que casi nadie cuerdo elegiría): todo lo que se refiere al cuidado médico, sobre todo de urgencias, entra en este conjunto; para algunas familias, también podría entrar en el conjunto la "mochila" de los hijos: desde la colegiatura hasta la cuota para el viaje escolar de fin de curso. Luego está todo lo demás. Si hay gastos inesperados de los que se imponen, "todo lo demás" tiene que apretujarse y a ver qué va primero.

Sobre la marcha, "lo que va primero" puede ser algo que una no hubiera creído. Por ejemplo, si hace falta un espejo y un sartén, parecería que el sartén es más importante, porque hay que comer mucho más de lo que hay que verse al espejo; pero en este mundo real donde una sale a la calle y necesariamente es vista, el espejo acaba por colarse a un lugar antes que el sartén, en la lista de prioridades. Así he descubierto que la idea de que "no pasaría nada" por estar unas semanitas sin internet, en mi caso, no aplica. Una semana sin conexión al mundo fue desintoxicante: diría que hay que hacer ayunos de internet un par de veces al año. Pero más días sin internet en casa están haciéndome poner las neuronas a solucionar cómo es que voy a estar conectada lo más pronto posible. Es prioridad.

La ocasión anterior que me quedé sin conexión, sufrí un síndrome de abstinencia que no se presentó esta vez. Lo tomo con calma. Me queda claro que el internet no es el agua ni el aire. Pero en mi vida es muy importante estar al tanto de mis redes sociales, y eso es mucho menos importante que bloguear. Escribir y publicar mis entradas, leer los blogs que frecuento, comentar en ellos, leer y responder a los comentarios que recibo, es algo que me da felicidad de esa que forma la plenitud. Que sea posible, no puede no ser prioridad.

Silvia Parque

sábado, 8 de marzo de 2014

A los hijos reales

He visto a padres y madres corrigiendo a sus hijos, en un afán molesto de hacerles entrar en el "modelo de persona" que tienen en mente. Es enfadoso verlo, y sé que probablemente termine mal. Me refiero a padres y madres que lo que tienen en la mira es el hijo de su imaginación.

He visto, también, a padres y madres corrigiendo a sus hijos, teniendo en mente a esas personas reales, diferenciadas, que son los hijos que resultaron ser sus hijos. Es muy diferente. Hacen un esfuerzo amoroso, incluso cuando están cansados y cuando evidentemente no tienen todos los recursos personales del mundo para hacerlo perfecto. Qué bien por estos papás y estas mamás.

Silvia Parque

Elecciones

Elijo vivir, aunque no se me den los esfuerzos y vivir haga necesario unos cuantos bien grandes.

Elijo amar, aunque a veces, porque no somos más que personas, el amor venga con dolor oscuro y tan profundo como el cariño.

Elijo soportar a mi corazón en sus elecciones, y arreglármelas para caminar, comer y reír, con él latiendo al ritmo que elige.

Silvia Parque

viernes, 7 de marzo de 2014

Efecto viernes

Esta semana nos picó algún mosco en el Departamento, y hoy viernes andamos un poco con las neuronas bailando cha-cha-chá; es "un poco" por el efecto promedio: mis neuronas sí están todas muy alborotadas, las de mis compañeras, no todas, solamente las más vulnerables al contagio, y bailan con cierta discreción.

Yo he quebrado la azucarera y hace una hora abandoné mis tareas, a pesar de que me iré temprano y urge que termine lo que estoy haciendo. Pero cuando no se puede, no se puede. Creo que es mejor interrumpir, tomar un respiro y un bocado de algo rico, y continuar cuando la cabeza esté en disposición de cooperar. De lo contrario, no solamente la tarea se hace pesada, sino que se hace más lenta y hay mayor oportunidad para el error.

No me gusta llevar trabajo a la casa, menos en fin de semana; pero me resulta peor trabajar cuando ya no quiero; cuando ya no quiero, ya no puedo; siento las tareas -precisamente- como "trabajo", es decir, como una obligación que cuesta esfuerzo, y eso me enfada. Mis tareas son interesantes y divertidas, se merecen una persona en condiciones de disfrutarlas. Y yo son una consentida: amo sentir que no es trabajo, lo que hago por lo que me pagan.

Silvia Parque

jueves, 6 de marzo de 2014

El movimiento de las prioridades

Un día, de pronto, el pantalón ya no cierra. Recuerdas toda esa comida en la calle, y sabes que en realidad no fue "de pronto". Abres el botón del pantalón, te acomodas la ropa para disimular, y te propones comer más sano, moverte más... como vayas pudiendo, con calma. Porque de pronto, y esto sí fue "de pronto", la talla y la forma son de lo menos importante. 

Silvia Parque

miércoles, 5 de marzo de 2014

¿Le molesta el blanco?

Estimada visita del blog:

¿El blanco del fondo del blog, es molesto para sus ojos? Sé que eso depende en parte de cómo tenga ajustado el brillo de su pantalla, pero también el blanco tiene sus efectos. ¿A usted le molesta?

Silvia Parque

Mi relación con el teatro

Supongo que me gusta el teatro, en principio, porque me gustan las palabras. Luego me gusta porque representa el hoyo negro de mi reticencia a "hacer": a situarme en el mundo material con el cuerpo, moviéndome, hablando, haciendo que pasen cosas en un momento determinado que no puede repetirse. La experiencia de hacer un personaje en un montaje es excitante; pero para mí, lo más valioso es el efecto tipo psicoanálisis de trabajar con la teoría y la técnica, en el taller... lo que surge respecto a todos los aspectos del encuentro y la interacción con el otro, con los otros, con el Otro en mayúscula. El teatro es una revelación de la vida, soportable por su estética.

Silvia Parque

Gris con rayas blancas

Esta es la situación:

- Yo hago X a mi forma, respondiendo a la petición de La Jefa, que responde a la solicitud de El Jefe.
- X va a ser utilizado por El Hombre, quien presentará los resultados obtenidos a El Jefe.
- El Jefe ha dicho a El Hombre que quiere un X negro con puntos blancos.
- Yo hago un X gris con rayas blancas. A mi juicio, eso es lo más conveniente.
- El Hombre, tenso como él solo, me comunica que El Jefe hará explotar la ciudad cuando tenga los resultados que pueden derivarse de un X negro con rayas blancas. Le advierto que no es negro, que es gris.
- El Hombre y yo vamos con La Jefa y le exponemos la situación. Ella pregunta por las consecuencias de la diferencia entre negro y gris, y entre puntos y rayas. Explico.
- La Jefa decide que entregaremos mi X con rayas blancas.
- El Hombre, hiper-tenso, predice que El Jefe hará explotar la ciudad en su cara de Hombre hiper-tenso.

Y así vamos a ver qué pasa mañana.

Silvia Parque


martes, 4 de marzo de 2014

Poniéndonos personales... declaración de agradecimiento

Vivo rodeada de personas que se relacionan conmigo amorosamente. Definiendo al amor, no como sentimiento sino como un modo de vincularse para el bien del otro, soy beneficiaria de múltiples, cotidianos y preciosos actos de amor. Personas cerca físicamente, y personas a kilómetros de distancia, muestran toda la disposición que podría mostrarse, para ayudarme, apoyarme, acompañarme. Soy, en general, una buena persona, pero no he hecho nada que pudiera acercarse ni de lejos a merecer tanto. Ojalá pueda acercarme a retribuirle a la vida, algo del bien que recibo.

Silvia Parque

Nada más la de cada cual

Cada cual puede vivir nada más su vida. Podemos hacernos la ilusión de otra cosa, pero no se puede más que vivir la vida que traemos en el cuerpo con el que andamos por el mundo. (No sé cómo funcionen estos asuntos con los siameses, eso es otra historia...)

Por supuesto, nadie dice en serio: "yo quiero vivir mi vida, la de mi sobrina y una como la de un jeque árabe". Si alguien  lo quisiera, sabría que es un sueño guajiro, no asumiría que puede hacerlo, ni lo intentaría -al menos en lo consciente-. Pero a veces, estamos más pendientes de los otros -o de algún otro- que de nosotras mismas, y si tenemos el poder para hacerlo, nos apropiamos de decisiones que les corresponden, o nos encargamos de aspectos de su vida que, valga la redundancia: son suyos. Si media una relación afectiva íntima resulta difícil marcar el límite entre una vida y la otra vida. Hay una especie de premisa según la cual, si nuestras vidas se vinculan, entonces se fusionan; pero no es así. Cada cual puede vivir nada más la vida de cada cual.

Silvia Parque

De vuelta

La lista está así:
- recidiva de infección tipo "no respiro, duele, ya-que-se-me-quite-esto",
- cambio de casa con apoyo para el traslado de muebles y cosas, pero sola en lo de mueve-pon-quita
- sin internet en la nueva casa,
- fechas límite en el trabajo ardiendo en rojo,
- accidente de persona cercana a la que toca acompañar.

¡Pero este es mi año! Así que vuelvo al blog, al teatro y a abrir la puerta para lo bueno que quiera venir. Uno de los aprendizajes de los últimos tiempos, es que la pérdida de control o de posibilidades (por enfermedad o cualquier otra cosa), puede acotarse al tiempo de la pérdida, es decir, puede no extenderse letárgicamente. Me recuerda al niño que aprende a caminar y se cae. La buena mamá irá tras él a que la sienta cerca, a darle seguridad y cariño con palabras cálidas y alentadoras; tal vez lo acaricie o lo consuele. Pero si es lista, no le dará cuerda al llanto, no dejará que la caída sea un drama, aunque por dentro sienta en su propio estómago un retortijón por el dolor de su niño. Lo hará que se levante y siga caminando. Y lo mismo cuando se vuelva a caer.

Silvia Parque