jueves, 18 de diciembre de 2014

Vivir con dolor

Eventualmente, el estrés puede causarme un dolor intenso en brazos, hombros y cuello. El problema es que no se trata de "estrés" como suele concebirse; no es preocupación por algún problema, ni saturación de trabajo. Este estrés "del cuerpo", me explicó el médico, viene hasta por tener varias cosas en mente o por ambientes con muchos estímulos. La solución es mantenerme relajada; pero como se desprende de tal caracterización de "estrés", la relajación requerida es para ligas mayores.

Después de mucho tiempo, ayer volví a sentir el dolor éste, que empezó en el brazo y se extendió. Para la noche no podía moverme sin ayuda. Pero Dios es grande: estoy mucho mejor, y sé que se pasará del todo.

El caso es que se pasa y termina. Hará más de un año que ocurrió la última vez, así que confío en que nos estemos despidiendo -el dolor y yo-. En cambio, otra gente vive así, o peor. Algunos pacientes de cáncer, por ejemplo. Nada les alivia o su única alternativa son drogas que los duermen. Pienso también en los niños en rehabilitación, que se esfuerzan del tamaño del dolor que he sentido para alzar un brazo, pero todos los días durante meses, e incluso años.

A veces le pedimos mucho a las personas. Hay ancianos francamente amargados, con los que cuesta convivir; pero pocas veces nos detenemos a pensar en qué les duele, y a veces les duele todo. Imagino la desesperación de quienes llegan a dispararse en un lugar del cuerpo diferente al que siempre les duele. Los juzgamos locos, pero es que no es para menos.

Silvia Parque

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